No todo lo dorado es oro

Mucho se les ha reprochado a los millennials, pero son pocos los medios y las personas que ponen los reflectores sobre los méritos de dicha generación. Obviamente el primero no es nuestro caso. Obviamente no podemos ignorar a la joven promesa de la literatura francesa Cécile Coulon, quien desde sus 16 años ha publicado varias novelas, entre ellas Una bestia en el paraíso, ganadora del Premio Le Monde 2019, y Sola en el castillo, la más reciente y la que nos compete en esta ocasión.

Con Una bestia en el paraíso, Cécile Coulon se plantó como una escritora tenaz, arriesgada y al mismo tiempo sutil. Esta vez, la también poeta gira un poco el barco y se inclina por un lenguaje barroco, sin que esto signifique que ponga en riesgo las coronas y los laureles que sus publicaciones anteriores le han dado. Todo lo contrario: con Sola en el castillo la autora reafirma sus cualidades narrativas.

Sin estar ligados plenamente al lenguaje del maestro de la literatura francesa, Michel Houellebecq, en sus textos existe un cierto destello sombrío, como en las mejores obras de este autor. La sensación de que algo anda mal resulta exasperante. El mundo que Cécile Coulon nos quiere representar está plagado de una profunda insatisfacción.

Con su libro anterior, Coulon ya nos había llevado a la provincia francesa. Esta vez lo hace de nuevo, solo que ahora va más atrás en el tiempo y sitúa su relato en el siglo XIX. Quizá por eso, y queriendo respetar el contexto, Sola en el castillo recurre al lenguaje del ámbito rural galo de aquellos años, tanto que por momentos da la sensación de estar leyendo una novela histórica, en la cual los hechos narrados se suceden como en una crónica de vida, con descripciones hiperadjetivadas y diálogos largos y ostentosos.

Es necesario tomarse un tiempo para adaptarse al lenguaje barroco, o a la representación del lenguaje con que Cécile Coulon elige narrar Sola en el castillo. Una vez identificado el tono y el ritmo, una vez que entendemos este recurso literario, la historia se solidifica y gana importancia.

Así descubrimos la vida de una joven de 18 años, Aimée, quien impulsada por su madre en un encuentro pautado se siente atraída por Candre Marchère, un joven adinerado que quedó viudo poco después de casarse por primera vez. Poco a poco afloran las complicaciones entre la pareja. Pero no se trata de otro matrimonio más con problemas: hay mucho más por descubrir —bastante turbio, pero Cécile Coulon embellece el pesimismo—.

En Sola en el castillo, Candre Marchère se deja ver como un gran candidato: dócil, interesante, amigo de los animales y con una belleza hipnótica. Aimée desborda ilusiones por él y juntos van a vivir al Bosque Dorado. Con el transcurrir de los capítulos, Aimée entiende que no todo lo que brilla es oro (como suele suceder con los paraísos, que no siempre terminan siéndolo). Va más allá de sentirse “sola en el castillo”: además está aterrada.

En el Bosque Dorado, Candre devela su verdadera personalidad: aburrido, posesivo y siniestro. Lo que hoy llamaríamos un psicópata social. “Qué inteligente había sido él, tan sensible con ella. Cómo había sabido meterla a su jaula de pinos y tierra, de hiedra y grandes flores, con palabras que no se parecían a las de los hombres sino a las de Dios. La habían atrapado”, describe la autora.

En Sola en el castillo todo parece destinado a convertirse en una cárcel embrujada llena de lujos, con oscuros sirvientes y el peso de los recuerdos —como el fantasma de Aleth, la finada primera esposa—. Pero aparece Émeline, una profesora de música que cambia las cosas y renueva la esperanza de la protagonista, devolviéndole el deseo, la ansiedad y la trama. En la segunda mitad de la novela la narración gana coraje, su ritmo crece en intensidad y se revelan situaciones que sorprenden al lector.

Sola en el castillo es una advertencia de Cécile Coulon, quien nos dice: ojo con quién se enamoran, no basta con revisar antes el Instagram, el Facebook o el TikTok.

Sola en el castillo, de Cécile Coulon

Cécile Coulon

Cécile Coulon

Cécile Coulon nació en Clermont-Ferrand en 1990. Autora revelación de la literatura francesa contemporánea, es articulista, novelista y poeta. Publicó su primer libro a los 16 años y desde entonces ha ganado algunos de los premios más importantes de Francia, como el Premio Guillaume Apollinaire en 2018 con su poemario Les Ronces y el Premio de Le Monde en 2019 con la novela Una bestia en el paraíso.