Ray Bradbury anticipó las consecuencias que las nuevas tecnologías pueden traerle a la humanidad

Ray Bradbury anticipó las consecuencias que las nuevas tecnologías pueden traerle a la humanidad

Este 2023 se cumplen setenta años desde la publicación de Fahrenheit 451 (1953), por entregas en la revista Playboy, en plena Guerra Fría y censura macartista —el “temor rojo”— sobre la cultura estadounidense. Es que Ray Bradbury (1920-2012) no solo centró su oficio en presentarnos distopías. Sus textos, en los que el terror y la fantasía están más ligados a los grandes temas universales que aquejaban y aquejan todavía a la humanidad, sumados a una perfecta lógica para escribir del futuro hablando del presente, aún hoy son perturbadores en el sentido de que contienen una contemporaneidad alarmante y deliciosa: las consecuencias que las nuevas tecnologías pueden traerle a los seres humanos.  

En 1966, Fahrenheit 451 fue llevada al cine por François Truffaut (quien se codeaba con directores de la talla de Alfred Hitchcock). El título alude a la temperatura a la que arde y se inflama el papel, en el marco de un mundo distópico que atenta contra la literatura y cuya práctica disciplinadora es la quema de libros por los bomberos. Un texto de resistencia contra el capitalismo y los medios masivos de comunicación que enceguecen a la población, sumida en la ignorancia y lo superfluo de las pantallas de televisión (por algo se les dice “cajas bobas”), que manipulan las formas de consumo y de pensamiento. Aun con este panorama, la memoria de hombres y mujeres mantiene los bosques de libros vivientes y transmite la literatura universal. 

Isaac Asimov, escritor y bioquímico ruso, creía que la ciencia ficción debía tener su correlato en la ciencia, en la tecnología, y así acuñó este término para la ficción que se entrama con lo científico. Bradbury, en cambio, oscila entre la ciencia ficción y el humanismo, mostrando la fragilidad del hombre ante la naturaleza —aunque el nombre oficial de un premio al mejor guion entregado por la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción de América (SFWA) se llama, desde 1991, Premio Bradbury, y existe también el Premio Internacional Clarke-Bradbury de ciencia ficción—. Es quizás por eso que la ciencia ficción de Asimov envejeció mucho más rápido que los textos de Bradbury.  

Los textos de Bradbury aún hoy son perturbadores en el sentido de que contienen una contemporaneidad alarmante y deliciosa. 

Fantasmas de lo nuevo es una compilación de dieciocho cuentos recopilados en 1969 que no siguen una serie cronológica o temática. Su título proviene de un poema de 1855 de Walt Whitman (1819-1892), “I Sing the Body Electric”, y es una especie de canto al cuerpo humano en el que se intenta conectar y dialogar con el alma, aun entendiendo sus desajustes de cargas. Ray Bradbury, muchos años antes que la serie mainstream Black Mirror, presenta este desacople entre el engranaje del hombre y la máquina: viajeros en el tiempo (“El invento Kilimanjaro”), extraer fetos del vientre de la madre hacia el exterior con máquinas que abren portales a otras dimensiones (“El niño del mañana”), el océano que cobra entidad y llama al hombre para ahogarlo (“Las mujeres”), pollos que adivinan el futuro leyendo cáscaras de huevo (“El motel de la gallina inspirada”), el robot de Abraham Lincoln (“Viento de Gettysburg”), un hombre varado en Marte (“Llamada nocturna”), una abuela eléctrica/robot que hace labores domésticas para su familia (“Canto al cuerpo eléctrico”), un fallecido hace sesenta años cuyo cuerpo se mantiene de veintitrés (“El día de las tumbas”), una expedición extraterrestre hasta una legendaria ciudad marciana (“La ciudad perdida de Marte”). 

Fantasmas de lo nuevo está dedicado al escritor y productor norteamericano Norman Corwin, quien, según Ray Bradbury, fue clave para la publicación de la innovadora y disruptiva Crónicas marcianas (1945), compilación de relatos que narran los primeros viajes a Marte y su posterior colonización, y en la cual los textos siguen un orden cronológico y contextual, si bien funcionan de forma independiente. Allí Bradbury, lejos de enaltecer los descubrimientos tecnológicos, vislumbra la melancolía, la soledad, la angustia y la autodestrucción de la sociedad estadounidense plagada de guerras, racismo y muerte.  

Por último, hay que hacer una mención de las crónicas que Ray Bradbury escribió durante su estadía en México, a mediados de la década de 1940, y de su fascinación por la cultura de este país (en especial, en “El Día de los Muertos”), como en la novela corta Las momias de Guanajuato, “El zorro y el bosque” (una pareja de viajeros en el tiempo que huyen del año 2155 para llegar al México de 1938) o “La calavera de azúcar”. O en El hombre ilustrado (1951) —serie de dieciocho cuentos de ciencia ficción—, donde el relato que lleva el título del libro es la historia de un sujeto que tiene tatuado un sinfín de historias y descubre un día que lleva marcada su propia muerte. En la Ciudad de México, Bradbury obtuvo inspiración para varias de sus obras en los murales de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. El mural de Siqueiros El hombre actual (un hombre sin rostro que se encuentra ante las incertidumbres del futuro) inspiró este relato.  

En la Ciudad de México, Bradbury obtuvo inspiración para varias de sus obras en los murales de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. 

Pareciera que las crónicas de Ray Bradbury se verifican más y más cada vez que la NASA saca un anuncio sobre una expedición o hallazgo espacial y extraterrestre; de hecho, un asteroide en el espacio lleva el nombre de Bradbury, y un cráter lunar, el título en inglés de su novela El vino en el estío (1957): Cráter Diente de León (Dandelion), que los astronautas del Apolo 15 pusieron en su honor.  

Quizás enmarcar a Ray Bradbury como un escritor de ciencia ficción o un teorizador sobre el futuro no sea suficiente; su poético estilo intenta poner en palabras esos vacíos y dilemas existenciales de la humanidad que trascienden el género. Estos límites también son difusos, dado que su producción escrituraria, vasta en novelas y cuentos, fue llevada al cine, al teatro y a la televisión en múltiples adaptaciones. Pero su obra sí sostiene un tema recurrente: aun en un mundo distópico y en el ocaso de la humanidad, Bradbury ve con profundo lirismo que el patrimonio de la esperanza (o el salvoconducto) está en el arte, la belleza, el deseo y la posibilidad de amar. 

Ray Bradbury

Ray Bradbury

Ray Bradbury nació en Waukegan, Illinois, en 1920, y residía en Los Ángeles desde 1934, ciudad en la que falleció el 05 de junio de 2012. Bradbury fue un ávido lector en su juventud además de un escritor aficionado. No pudo asistir a la universidad por razones económicas. Para ganarse la vida, comenzó a vender periódicos. Se formaría como escritor de manera autodidacta a través de libros, comenzando a escribir cuentos con una máquina de escribir. Sus primeros trabajos los vendió a revistas a comienzos de los 40. Entre novelas, colecciones de cuentos, poemas y obras de teatro, ha publicado más de una treintena de libros. Ha desarrollado una amplia actividad en el mundo del cine, el teatro y la televisión. En 1989 fue nombrado Gran Maestro de la SFWA (Asociación de autores de ciencia ficción norteamericanos) y en 1999 recibió el SF Hall of Fame por toda su carrera.

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