No una Lolita, sí una Lulú; todo despertar es literario

No una Lolita, sí una Lulú; todo despertar es literario

Una joven escritora irrumpió en las letras mundiales en 1989, con una novela fresca; más que fresca, tan caliente que dejó al mundo de las letras helado. Esta joven escritora era Almudena Grandes (1960-2021), que en aquel entonces ostentaba apenas 28 años y se desenvolvió como pez en el agua en la literatura erótica, amorosa, sexual, con su irrupción en la ficción después de haber trabajado como periodista. Grandes no tuvo reservas a la hora de narrar y describir lo que se requería para que la intensidad de Las edades de Lulú (1989) pueda seguir generando sensaciones deliciosas a 25 años de su primera publicación, que de inmediato desató una serie de controversias y le valió a la autora el Premio La Sonrisa Vertical a la novela erótica el mismo año de su edición por Tusquets, que sería la casa de la autora española desde su primer libro hasta el último (póstumo), Todo va a mejorar

Las edades de Lulú es una novela que anhela no guardar secretos, o al menos no oculta la necesidad de contar —ya sea como catarsis, ejercicio sanador o precalentamiento— un conflicto amoroso, pedregoso; un amor joven, preadolescente, consumado desde lo más delicioso e incómodo de la sodomía, junto con “sodomizar” una de las palabras predilectas de la protagonista —que Dante Alighieri designa en la Divina comedia (1472) como el pecado de Sodoma (Soddoma), ciudad consumida por las llamas de la devastación enviada del cielo en el Génesis 19—, lo que pareciera rozar el conflicto de Lolita (1955), de Vladimir Nabokov (1899-1977), la clásica novela donde se narra un abuso tergiversado en una historia de iniciación. Sin embargo, Almudena Grandes profundiza en las asperezas y sensaciones de la iniciación sexual de Lulú, que creció con nueve hermanos y fue dejada de lado no por debilidad e incompetencia, sino por lo contrario: “[…] y tú eres tan inteligente, tan responsable, y tan dura a la vez, no quiero decir que no seas sensible, pero pareces tan segura de ti misma, no te dejas afectar por nada, creas tan pocos problemas… hija mía, ¿entiendes lo que quiero decir?”.

Las edades de Lulú es una novela que anhela no guardar secretos, o al menos no oculta la necesidad de contar. 

Esta novela de aprendizaje, de formación o educativa, está atravesada por el género literario que retrata la transición de la niñez a la vida adulta. El término correcto —de origen aleman—, el Bildungsroman, recrea un despertar amoroso que es también la trama de Las edades de Lulú, contada en tres actos —la estructura aristotélica del drama—, en los que se pasa de la inocencia a la perdición a partir de tres edades: la primera experiencia sexual con Pablo —a los 15 años, aunque a él ya le gustaba Lulú desde que tenía once—, un amigo de su hermano Marcelo; el casamiento, unos años más tarde, y la debacle que mezcla lo sentimental con la experimentación lisa y llana, en busca no de un tiempo perdido, sino de una forma de sostener la necesidad del deseo, casi como una nueva droga.   

Roland Barthes, en Fragmentos de un discurso amoroso (1977), pone a la sexualidad en el centro de la escena recreando todos los estadios del amor: “La carga moral decidida por la sociedad para todas las transgresiones golpea todavía más hoy la pasión que el sexo. Todo el mundo comprenderá que X… Tenga ‘enormes problemas’ con su sexualidad; pero nadie se interesará en los que Y… Pueda tener con su sentimentalidad: el amor es obsceno en que precisamente pone lo sentimental en el lugar de lo sexual”. Y justo lo que pareciera ser tabú en Las edades de Lulú no son las descripciones hiperdetallistas de escenas pornográficas gays ni los momentos en los que travestis irrumpen en la discusión literaria; lo sexual puede o no ser morboso, excesivo, pero le da una profundidad voraz al personaje principal y a la novela. El verdadero tabú es lo sentimental, atravesado por el velo de la moralina de una buena familia. En el prólogo a esta edición, escrito por Almudena Grandes 15 años después de la primera publicación de la obra, la autora explica: “Cogí a una mujer de treinta años, de buena familia, casada pero, por razones obvias, no muy respetable, y la situé en el centro del lumpen gay”. Planteado el germen del conflicto, las hipérboles llegan con el amor contaminado por la manipulación, el amor incestuoso, el deseo reprimido y los sentimientos que afloran para transgredir la ética con una subversión, o varias.   

El comienzo de la tercera ola del feminismo ocurrió en 1989/1990, en pleno contexto de publicación de Las edades de Lulú y, mientras la prensa debatía sobre los alcances perversos de la novela, en España una veintena de mujeres en minifalda se concentraban ante la sede de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife para protestar por la sentencia que consideraba como excluyente para un agresor sexual el que la víctima llevara minifalda. Con un marco de conflicto creciente en el país ibérico —sociedad patriarcal, machista, postfranquista— y en el resto del mundo, podríamos decir que Las edades de Lulú constituye también un retrato de los cambios en la sociedad española, de la mano de una ciudad, Madrid, que también logró destaparse: ya no alcanzaba una pareja, la monogamia tradicional; el cambio era también adaptarse al placer de cada día, de las noches en las que los vínculos también implicaban profundizar en el accionar de los cuerpos, como Lulú, que quebró el cerco familiar para ser una niña erotizada, una adolescente confundida o enamorada, una mujer libre en sus decisiones; no una Lolita, sí una Lulú.  

Y si en Pura pasión (1993) de Annie Ernaux —ganadora del Nobel en 2022— la pasión nace en la espera, en Las edades de Lulú brota en la acción de llevar las situaciones al límite de lo posible, dejando al amor como una justificación de los actos. En la nota que publicamos sobre cinco libros de amor definitivamente nos faltó esta joya de Almudena Grandes, porque, aunque muchos digan que es un libro sobre sexo o desamor, un texto perturbador, el amor también lo es, y quien haya tenido un despertar amoroso fácil que lea un libro de princesas y príncipes, que con su irrealidad llenaron varias generaciones de prejuicios y de insatisfacción a la hora de amar, a la hora de conectarnos amorosamente con la otredad. “Me atormentaba la sospecha de que el amor y el sexo no podían coexistir como dos cosas completamente distintas, me convencí a mí misma de que el amor tenía que ser otra cosa”.

Quien haya tenido un despertar amoroso fácil que lea un libro de princesas y príncipes.

No podemos dejar de mencionar que Las edades de Lulú se convirtió en una película protagonizada por un joven Javier Bardem y María Barranco, que obtuvo el Premio Goya a la mejor actriz de reparto y al mejor guion adaptado —escrito por el director Bigas Luna y la propia Almudena Grandes—. Sin embargo, a la distancia esta adaptación se pierde en actuaciones un tanto exageradas y melosas, más parecidas a una telenovela de la tarde que a la gran obra de la querida y recordada autora española. En este caso, una vez más, el celuloide envejeció mucho peor que el libro. Las edades de Lulú es una novela que no para de nacer y contiene todas las edades de sus fanáticos, que con cada nueva lectura resignifican las decisiones de Lulú. 

Las edades de Lulú, de Almudena Grandes

Imagen de Almudena Grandes

Almudena Grandes

Madrid, España, 7 de mayo de 1960 Madrid, España, 27 de noviembre de 2021 Se dio a conocer en 1989 con Las edades de Lulú, XI Premio La Sonrisa Vertical. Desde entonces el aplauso de los lectores y de la crítica no ha dejado de acompañarla. Sus novelas Te llamaré Viernes, Malena es un nombre de tango, Atlas de geografía humana, Los aires difíciles, Castillos de cartón y El corazón helado, junto con los volúmenes de cuentos Modelos de mujer y Estaciones de paso, la han convertido en uno de los nombres más consolidados y de mayor proyección internacional de la literatura española contemporánea. Varias de sus obras han sido llevadas al cine, y han merecido, entre otros, el Premio de la Fundación Lara, el Premio de los Libreros de Madrid y el de los de Sevilla, el Rapallo Carige y el Prix Méditerranée. Su novela más reciente, Inés y la alegría, ha merecido el Premio de la Crítica de Madrid, el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska y el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. Con ella inauguraba la serie Episodios de una Guerra Interminable, cuya segunda entrega es El lector de Julio Verne.

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