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Una historia perdida: el conde en los aviones  

Una historia perdida: el conde en los aviones  

A 50 años del golpe de Estado en Chile, la primera novela del escritor y periodista Juan Pablo Meneses (Santiago de Chile, 1969), finalista del Premio Herralde 2021, enarbola las concesiones y contradicciones de la ficción histórica; entremezclada con los hechos y la información, la crónica, el ensayo y la investigación permiten lo que solo la literatura puede: narrar una verdad (de tantas), un posible (otro) relato paralelo, a partir de la toma de un punto de vista, o bien, a lo que el revisionismo histórico también se adhiere, una perspectiva, lo cual supone, a la vez, interrogar las posibilidades de narrar el horror histórico, recorrer esa pesadilla chilena es un gesto que este año también demostró Pablo Larraín con su film El conde (2023), una sátira feroz e incisiva de humor negro en la que el dictador Augusto Pinochet es un vampiro de 250 años que, cansado de ser recordado como un ladrón, pero aún sediento de sangre, por más que decida morir aún es un espectro, una sombra abominable en el imaginario nacional. 

Una historia perdida narra una cara de la historia de la dictadura que los ciudadanos de Chile desconocían y que definió el destino del presidente Salvador Allende, cuyo derrocamiento junto con el de la Unidad Popular provocó una dictadura que duró casi diecisiete años: el bombardeo del 11 de septiembre de 1973, que tenía por objetivo el Palacio de la Moneda y la casa de Allende en Las Condes y concretó el golpe de Estado, implosiona por un desvío de uno de los aviones Hawker Hunter con una sospecha de blanco errático sobre el hospital de la Fuerza Aérea de Chile (FACH). Pero ese acontecimiento, que sufre manipulaciones, ocultamientos y borramientos de los registros por parte del gobierno de facto de Pinochet que marcó la Historia (con mayúsculas) de Chile, es revivido, reevaluado y completado por parte de la historia (con minúsculas) de Pablo, cuyo hogar de la infancia cercano al hospital hace eco del estruendo y la destrucción devastadora de la bomba.

Una historia perdida narra una cara de la historia de la dictadura que los ciudadanos de Chile desconocían y que definió el destino del presidente Salvador Allende.

La crónica de Una historia perdida se embarca de esta forma en una pelea con lo ficcional para narrar la vida de (Juan) Pablo, un periodista de no ficción que recorre el mundo investigando en Nueva York —algo del dato cualitativo queda de su padre contador, cuyos libros no narraban historias, sino que contenían números—, realizando notas de viajes, crónicas de diferentes ciudades y entrevistas a gente chilena que fue exitosa alrededor del mundo —aunque ninguno de los entrevistados se sienta así—, regresa tras la muerte de su madre a Chile y se encuentra con esta historia (o este recuerdo) que merece ser contado o, al menos, completado; ese instante pulsional que cualquier escritor hace propio y particular: quién, qué militar, tiró la bomba por error, un gatillo para detonar la memoria. 

Y como en toda investigación, hay un personaje que con ese espíritu obsesivo y periodístico busca y crea hipótesis (paralelas a la historia oficial), en este caso, sobre el piloto del avión: “Si la historia es el relato que se arma con los recortes de prensa, en la historia chilena el bombardeo a su barrio nunca había existido”. Son cuatro las teorías sobre la identidad del artífice de esa “falla” en el ataque: un extranjero, un novato, el hijo del general Gustavo Leigh (comandante de la Fuerza Aérea y miembro de la Junta Militar gobernante), o un desertor. Aunque no fue una falla, por así decirlo, y el narrador protagonista despliega su historia personal para ir en busca de aquella verdad.  

Pero en caso de no existir, como sucede en estos regímenes que esconden, destruyen y ocultan evidencias ¿cómo acceder a ella? El protagonista despliega en Una historia perdida su yo y todos los desafíos que implica este desdoblamiento autobiográfico: Juan Pablo autor y Juan Pablo personaje-cronista y, en modo transversal, los hechos históricos y un lector que debe optar también por ese pacto de verosimilitud que, en definitiva, implica resistir “El horror de la no ficción”. 

Pasajes del libro desnudan de manera promiscua los horrores de la dictadura, las crueldades que los soldados inferían en la sociedad. 

En Una historia perdida la literatura revela las verdades del ser chileno y, para ello, realiza movimientos oscilantes entre la historia nacional y la historia del protagonista. Ciertos pasajes del libro desnudan de manera promiscua los horrores de la dictadura, las crueldades que los soldados inferían en la sociedad una vez consumado el golpe de Estado, que no recaían solamente en los secuestros, torturas y vejaciones, sino también en las atrocidades del día a día en que la población civil quedó sin ningún derecho frente a los militares, una guerra entre chilenos contra chilenos. Este libro es también una obra que rescata el poder de la memoria, de recordar que la democracia es una manera frágil de resguardar la paz en la ciudadanía y que depende de preservar la historia para no caer en los mismos errores.  

Pero Una historia perdida también habla de un “chico bombardeado” que luego del episodio sufrió traumas, pánicos y mucho miedo hacia todo lo relacionado con los aviones, y de ese mismo chico que se convirtió en un adulto huidizo, que viajó y viajó sin parar, alejándose de Chile, su terruño, volviendo a él en ocasiones esporádicas, casi todas relacionadas con el trabajo; de ese chico encargado de comenzar una investigación para deshilvanar el nudo de la historia, la propia, la chilena y la de toda América Latina. 

Una historia perdida, de Juan Pablo Meneses

Juan Pablo Meneses

Juan Pablo Meneses

Santiago, Chile, 1969 Es un escritor, cronista y periodista chileno, fundador de la Escuela Móvil de Periodismo Portátil. En Chile trabajó como periodista freelance en diferentes medios locales, participó en varios talleres literarios y publicó sus cuentos las antologías Disco duro y Nuevos cuentistas para el siglo XXI. Escribía crónicas de viaje para la revista dominical del diario El Mercurio. En el 2000, luego de ser premiado en el concurso Crónicas Latinoamericanas, de la revista Gatopardo, Meneses abandonó el país. Con el dinero del galardón se compró un compaq E 500 y una cámara digital olympus camedia C3030 de 3 megapíxeles, con el fin de hacer “periodismo portátil”, término que acuña para describir lo que se dedica desde aquel año: “escribir historias por el mundo”.

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