We 💙 Crane

Nos acaba de llegar La llama inmortal de Stephen Crane casi al mismo tiempo que a ustedes, fanáticos de Paul Auster. Estamos tan emocionados y ansiosos que no nos importa escribir sin haber leído el libro en su totalidad. 

Antes de leer las casi mil páginas de La llama inmortal de Stephen Crane, este ensayo con aires de novela histórica, esta historia real con mucho más aire de historia ficcionada, este western literario que nos trae el autor más emblemático de la literatura norteamericana de los últimos treinta años, queremos advertir que el punto de arranque de esta obra de arte es intenso, llamativo, y lo compartimos para debatirlo. 

Avisamos, entonces, que esta nota es una prelectura. Así comienza, este es el primer párrafo de La llama inmortal de Stephen Crane, esta obra culmen de Paul Auster:

Nacido el Día de los Difuntos y muerto cinco meses antes de su vigésimo noveno cumpleaños, Stephen Crane vivió cinco meses y cinco días en el siglo XX, deshecho por la tuberculosis antes de haber tenido ocasión de conducir un automóvil o contemplar un aeroplano, ver una película proyectada en pantalla grande o escuchar la radio, un personaje del mundo del caballo y la calesa que se perdió el futuro que aguardaba a sus pares, no solo la creación de aquellas máquinas e inventos milagrosos, sino los horrores de la época también, incluida la aniquilación de decenas de millones de vidas en las dos guerras mundiales. Fueron sus contemporáneos Henri Matisse (veintidós meses más que él), Vladímir Lenin (diecisiete meses mayor), Marcel Proust (cuatro meses más), y escritores norteamericanos tales como W. E. B. Du Bois, Theodore Dreiser, Willa Cather, Gertrude Stein, Sherwood Anderson y Robert Frost, todos los cuales vivieron hasta bien entrado el nuevo siglo. Pero la obra de Crane, que rehuyó las tradiciones de casi todo lo que se había producido antes de él, fue tan radical para su tiempo que ahora se le puede considerar como el primer modernista norteamericano, el principal responsable de cambiar el modo en que vemos el mundo a través de la lente de la palabra escrita. 

Lo leíste en segundos, lo sabemos. Quedaste enganchado, porque Paul Auster, en las primeras líneas, te muestra La llama inmortal de Stephen Crane, te regala ese calorcito que huele tan bien, ese comienzo que es el placer de encender las llamas de un autor que vivió menos de treinta años, desde 1871 a 1900, y tuvo una producción envidiable, entre la que destaca la novela La roja insignia del valor,  un retrato pavoroso y sincero de la guerra y de la degradación humana que esta provoca.

Paul Auster, en este primer párrafo de La llama inmortal de Stephen Crane, nos avisa, nos enmarca en un momento de la historia, nos acerca a él de la mejor manera, nombrando personalidades contemporáneas a Crane, nacidas con apenas meses de diferencia, pero que trascendieron por su obra, su espíritu y su peso histórico: Matisse, Lenin, Proust, entre otros.

Mil páginas de La llama inmortal de Stephen Crane para que te adentres en el puro mundo de la literatura de nuestro querido Paul Auster. Es un viaje por el conocimiento, por horas de investigación y lectura. Es un viaje al más allá, a la cabeza de Paul, a la pluma de Crane, al gran momento que vive la literatura contemporánea que tiene en Auster un autor insignia. 

¿Te animas a que nos encontremos, a través de un Meet, para dialogar sobre la novela en unos meses, cuando la hayamos terminado? ¿Ponemos fecha? Es una buena excusa para inaugurar nuestro club de lectura: Sucede Leyendo.

La llama inmortal de Stephen Crane, de Paul Auster

Imagen de Paul Auster

Paul Auster

Escritor, traductor y cineasta. Es autor de los libros Jugada de presión (1982), escrito bajo el pseudónimo de Paul Benjamin; La invención de la soledad (1982); La trilogía de Nueva York (1987), compuesta por las novelas Ciudad de cristal (1985), Fantasmas (1986) y La habitación cerrada (1986); El país de las últimas cosas (1987); El Palacio de la Luna (1989); La música del azar (1990); Pista de despegue (1990); El cuento de Navidad de Auggie Wren (1990); Leviatán (1992); El cuaderno rojo (1992); Mr. Vértigo (1994); A salto de mata (1997); Tombuctú (1999); Experimentos con la verdad (2000); El libro de las ilusiones (2002); La historia de mi máquina de escribir (2002); La noche del oráculo (2003); Brooklyn Follies (2005); Viajes por el Scriptorium (2006); Un hombre en la oscuridad (2008); Invisible (2009); Sunset Park (2010); Diario de invierno (2012) e Informe del interior (2013); y de los guiones de las películas Smoke (1995) y Blue in the Face (1995), en cuya dirección colaboró con Wayne Wang, Lulu on the Bridge (1998) y La vida interior de Martin Frost (2007). Ha editado el libro de relatos Creía que mi padre era Dios (2001). Ha recibido numerosos galardones, entre lo que destacan el Premio Médicis por la novela Leviatán, el Independent Spirit Award por el guión de Smoke, el Premio al mejor libro del año del Gremio de Libreros de Madrid por El libro de las ilusiones, el Premio Qué Leer por La noche del oráculo y el Premio Leteo. En 2006 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Es miembro de la American Academy of Arts and Letters y Caballero de la Orden de las Artes y las Letras Francesa. Su obra está traducida a más de cuarenta idiomas.

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