Una multitud que se descubre y se autodestruye

Una multitud que se descubre y se autodestruye

No hay nada más humano que el deseo de ser parte de la multitud. Especialmente en la infancia y en la adolescencia, ese anhelo podría mover montañas; lo que es diferente hiere, molesta, y lo más digno es esconderlo. León Rodríguez, el protagonista de Ese horrible deseo de pertenecer, de Igor Ramírez García-Peralta, lo sabe mejor que nadie: deshonrado desde el nacimiento de su madre —hija bastarda de Belá, la adorada abuela del protagonista, y del abuelo de León, un hombre casado que nunca se da a conocer—, como si los antecedentes familiares funcionasen por sí solos como un mal augurio.

Lo que es diferente hiere, molesta, y lo más digno es esconderlo. León Rodríguez, el protagonista de Ese horrible deseo de pertenecer, lo sabe mejor que nadie.

La novela de Igor Ramírez García-Peralta oscila entre la literatura de iniciación y el existencialismo. Por momentos autobiográfica, y en otros hasta romántica, toca todos los temas que nos interesan como especie: la cuestión de la identidad, primero y principalmente, pero también la familia, el amor, la pertenencia, la pubertad, la educación, las adicciones y la sexualidad. Perdiendo a su padre de a poco —en un proceso similar, quizás diría Igor Ramírez García-Peralta, a la pérdida de la virginidad—, concurre a una escuela alemana donde establece sus primeros vínculos amistosos. La pubertad es un tema para debatir y observar en los adolescentes, sobre todo en León, quien encuentra sus primeras pasiones en los cuerpos de sus amigos. El pelo púbico —ese signo de virilidad— se transforma, tal vez, en la primera multitud de la cual León se siente parte.

Las primeras pasiones se sienten con el desenfreno que la adolescencia dictamina. León diría que “la virginidad se pierde a plazos, en distintos momentos y con distintos significados”. Y si seguimos esa línea, aquella primera vez que León se embelesa con los músculos de su amigo Ernesto al verlo nadar, o la escena en la que apoya la nariz en la espalda de su otro cómplice, Julián, definitivamente son intervalos dentro del proceso de pérdida de la virginidad. También hay cuestionamientos —siempre— con respecto al acoso que el protagonista sufre en la escuela: ¿por qué cuando le gritan maricón se queda en silencio? ¿Por qué no se defiende? Amigos y tías se lo preguntan por igual, y la respuesta a esas exigencias se da en una memorable escena al comienzo de la segunda parte de la novela. Solo ahí llega el lector a atisbar “ese horrible deseo de pertenecer” de Igor Ramírez García-Peralta.

¿Por qué cuando le gritan maricón se queda en silencio? ¿Por qué no se defiende? Amigos y tías se lo preguntan por igual, y la respuesta a esas exigencias se da en una memorable escena que al comienzo de la segunda parte de la novela. Solo ahí llega el lector a atisbar “ese horrible deseo de pertenecer”

Luego llega el fin de la pubertad: la adultez joven, los excesos, las adicciones. Esos círculos surgen naturalmente. Igor Ramírez García-Peralta logra que puedas sentirte casi como un compañero de León, y aun como un amigo. Prácticamente podríamos comentarle al protagonista lo adorable que resulta Héctor, su nuevo amor, si es que esa palabra alcanza para describirlo. Un amor idealizado, loco y absoluto que, debido al sexo —una adicción que se agrupa con las restantes—, parece romperse rápidamente. Vincularse nuevamente con Héctor conlleva varios recorridos por Europa, varios llamados y también tristezas, y aunque Héctor se acerca a León a medias, como un animal que sufre un trauma, no logra pertenecerle del todo; el círculo de Héctor es, aunque no conscientemente, expulsivo para León. Y su vida sexual ajetreada, incluso a la caza del amor de Héctor, provoca nuevos altercados.

Igor Ramírez García-Peralta logra que el lector pueda sentirse casi un compañero de León, y aun como un amigo.

Igor Ramírez García-Peralta logra narrar algunas consecuencias de ese descontrol; hay tristezas profundas, hay reflexiones que hunden y hay, sobre todo, dificultades que se disfrazan de soluciones; decisiones que podrían parecer acertadas pero que funcionan como una curita sobre una herida de bala. Hay una búsqueda desesperada de cariño y hay una noticia negra que parece desbaratar la vida del protagonista. Pero también hay reencuentros, hay sanaciones, y los secretos que más avergüenzan a León podrían, algún día, llevarlo a liberarse. Entonces pertenecer a la multitud ya no será para León un elefante en la habitación.

Hay ciertas consecuencias de ese descontrol; hay tristezas profundas, hay reflexiones que hunden y hay, sobre todo, dificultades que se disfrazan de soluciones; decisiones que podrían parecer acertadas pero que funcionan como una curita sobre una herida de bala.

Con su primera novela, Igor Ramírez García-Peralta nos pasea por numerosos destinos y sensaciones. Su escritura, tan marcada por imágenes, olores y colores, ayuda al lector a tomar de la mano a León en todas las escenas, como si estuviera dentro de ellas, presenciando todo.

Ese horrible deseo de pertenecer, de Igor Ramírez García-Peralta

Igor Ramírez García-Peralta

Igor Ramírez García-Peralta

"IGOR RAMÍREZ GARCÍA-PERALTA es un escritor hispanomexicano. Nació en Cuba, creció en México y Alemania. Abandonó la carrera de Relaciones Internacionales en El Colegio de México para estudiar Interpretación en The Lee Strasberg Theater and Film Institute de Nueva York; posteriormente, Derecho en la UNAM, y obtuvo un máster en Leyes por el King’s College de Londres. Trabajó como asistente de la secretaria de Relaciones Exteriores de 2006 a 2011 y participó en el equipo binacional mexicano-austriaco que estudió el Penacho de Moctezuma. Ha colaborado con distintas instituciones culturales, entre ellas ThyssenBornemisza Art Contemporary en Madrid y Viena. Ha colaborado con distintos medios impresos y digitales en Europa, Estados Unidos y México, y en 2015 lanzó su propia revista. Vive en el norte de Ibiza con sus animales."

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