El tiempo es una clave equivocada

El tiempo es una clave equivocada

La lucidez de Ida Vitale a sus casi 100 años es, ante todo, envidiable. Sus poemas son un canto a la necesidad y a la falta y exceso de tiempo. Sus versos nos abrazan en cualquier momento de la vida y nos arremeten como baldazos de agua helada cargada de belleza. Es fría, duele, pero se disfruta desde la primera hasta la última rima; ejemplo de ello es su más reciente poemario. 

Tiempo sin claves es una buena manera de luchar contra la proliferación de la autoayuda, contra los gurúes que dictan la manera correcta de vivir, de ser feliz, de estar en este mundo: ellos desconocen la poesía y a Ida Vitale, su historia y su forma de dar a entender que habitar en esta Tierra va más allá de las alegrías y frustraciones, que a los 100 años la vida es un poco menos dulce, pero sigue siendo vida en esencia, y eso lo marca el tiempo, sin claves. Porque vivir tampoco es tan dulce a los 30, 50 o 20 años. 

“fingiendo como en una escaramuza, 

dicta el tiempo mantras no compasivos, 

que aceptamos, abiertos al agobio”. 

Nacida en Uruguay, en 1923, Ida Vitale siempre se supera a sí misma, y este nuevo libro no es la excepción. La quietud de la vejez resulta fugaz en los poemas de Tiempo sin claves.  

“Caminar despacio, a ver si, tentado el tiempo, hace lo mismo”. 

Los poemas están signados por la perfección de quien entiende el caos, se leen con un ritmo y una cadencia que dejan una vibración especial en el cuerpo. Las estrofas son breves y permiten la comprensión y reflexión de lo leído. Vale la pena revisitar algunos versos de Tiempo sin claves bajo cualquier pretexto, entender que el ritmo escogido por la autora no es casual, nada lo es.  

En Tiempo sin claves, los poemas parecen atravesar temas similares: la contemplación de lo que va a extrañarse, de las pequeñas cosas que nos deja la vida, de las disfrutables aun en el dolor y, por supuesto, las claves y el tiempo. El poemario tiene un aire de intersticio, se escribió en el mundo real, pero deambula por el más allá, a la espera de lo inevitable. 

Ida Vitale, entre otros tantos reconocimientos, recibió en 2018 el Premio Cervantes, un galardón bien merecido que también pudo interpretarse como un aplauso para toda una generación de poetas y escritores que tuvo un boom allá por el año 1945, en Uruguay, cuando trazaron el futuro de la literatura de aquel país: Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Idea Vilariño, Carlos Maggi, entre otros que hicieron resplandecer las letras uruguayas. 

Tiempo sin claves es una buena forma de conocer a una autora colmada de poesía, que arremete de manera sencilla, con palabras que llenan el alma, que incentiva a vivir más, a crear mejor, a no dejar de sentir todo lo que hay que sentir para saberse. 

Tiempo sin claves, de Ida Vitale

Ida Vitale

Ida Vitale

Ida Vitale nació en Montevideo en 1923. Allí estudió Humanidades y tuvo como maestro a José Bergamín. Juan Ramón Jiménez la incluyó en una presentación de jóvenes poetas en Buenos Aires. Profesora de literatura hasta 1973, la dictadura la forzó, como a otros intelectuales, al exilio. Vivió en México de 1974 a 1984 y, desde 1989, en Austin (Texas), desde donde viaja regularmente a su país. Vitale publicó su primer libro, La luz de esta memoria, en 1949. Le siguieron Palabra dada (1953), Cada uno en su noche (1960), Oidor andante (1972), Jardín de sílice (1980), Parvo reino (1984), Sueños de la constancia (1988) y Procura de lo imposible (1998), publicados en Montevideo, Caracas y México. Además de poeta, es crítica literaria y prestigiosa traductora. Su obra poética se ha visto reconocida con el Premio Nacional y un doctorado honoris causa en Uruguay, el Premio Octavio Paz y el Alfonso Reyes en México, el Premio Reina Sofía y el Federico García Lorca en España y el Max Jacob en Francia. Tusquets Editores publicó (2017) su Poesía reunida (1949-2015) en un solo volumen.