Música, solo música. Mística, pura mística

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Música, solo música. Mística, pura mística

Murakami puede darse el lujo de generar semejante libro, un idilio que entremezcla una introducción —que es también una clase abierta de literatura— y las conversaciones que, a lo largo de dos años, mantuvieron el autor y su amigo Seiji Ozawa, antiguo director de la Boston Symphony Orchestra. La conexión se estableció con tal delicadeza que también se convirtió en una forma de interpelar el punto de vista del lector, las creencias y sutilezas de las relaciones, la vida y el abanico del arte. 

            En Música, solo música,el mismo Murakami nos dice: A pesar de mi gran afición por la música a lo largo de los años, nunca he recibido una educación formal al respecto. Puedo decir que soy un amateur absoluto. Apenas tengo conocimientos específicos en la materia, de manera que es posible que en el transcurso de nuestras charlas hiciera, en ocasiones, comentarios erróneos o incluso pecase de cierta descortesía.

Muchos de los lectores de Murakami son conscientes de que el autor es un fanático de utilizar la música como una herramienta más para generar climas en sus obras literarias, pero esta vez el cruce es diferente.

            Muchos de los lectores de Murakami son conscientes de que el autor es un fanático de utilizar la música como una herramienta más para generar climas en sus obras literarias, pero esta vez el cruce es diferente. Podríamos decir que la música se encarga de generar el clima para las conversaciones. Y como la música clásica no es un lenguaje al alcance de todos, quizá la pregunta que nos surge como lectores es: ¿cómo es posible adentrarnos en esta lectura de la misma manera en que entramos en sus otras novelas? Por eso el autor nos advierte, nos aclara, que Música, solo música “no es un típico libro de entrevistas, y tampoco un libro de conversaciones entre dos personajes que podrían considerarse famosos”. Son, entonces, según él, “una resonancia natural de nuestros corazones, me esforcé por escuchar el eco de su corazón”.

Por lo tanto, cuando se intenta escuchar un corazón ajeno, también se escucha el propio. Murakami se sorprende al pensar: “¡Vaya, no sabía que existiera esa resonancia en mi interior!”.

Por lo tanto, cuando se intenta escuchar un corazón ajeno, también se escucha el propio. Murakami se sorprende al pensar: “¡Vaya, no sabía que existiera esa resonancia en mi interior!”. Y acá es donde nace el punto de inflexión de Música, solo música. El autor nos adentra en la difícil tarea de animarnos a vernos a nosotros mismos, de escuchar nuestros propios corazones, porque las conversaciones son universales, porque, cuando se vence la barrera de la música clásica, lo que queda es la reverberación de la genialidad.

Música, solo música nos invita a disfrutar las conversaciones sobre Brahms, Beethoven, Bartok y Mahler; también hay apasionantes cruces de opiniones y reflexiones sobre orquestas, con anécdotas, discursos y solistas excepcionales.

La playlist, que cuenta con ciento noventa canciones, hace que el viaje sea completo. Podemos leer cada capítulo disfrutando de la obra en que se están sumergiendo Murakami y Seiji Ozawa.

El final de Música, solo música está dedicado a la enseñanza sobre las generaciones venideras. Seiji Ozawa tiene sus academias en Okushiga y Ginebra, y su escuela de ópera Ongaku-Juku. Murakami, en estas páginas, abre el abanico más vibrante de su literatura, tanto que se lo nota mucho más sincero y emocionado.

La forma ideal de leer Música, solo música es escuchando, también, la música que se comenta, la música que hace viajar. En Spotify, en el canal de Tusquets Editores, se encuentra la playlist completa del libro. Es una hermosa guía para aprender y entender que somos parte de la conversación entre estos dos magnates del placer artístico, entre dos multimillonarios del conocimiento profundo, amoroso, por y para la armonía musical.

La playlist, que cuenta con ciento noventa canciones, hace que el viaje sea completo. Podemos leer cada capítulo disfrutando de la obra en que se están sumergiendo Murakami y  Seiji Ozawa.

Música, solo música, de Haruki Murakami

Haruki Murakami

Haruki Murakami

(Kioto, 1949) es uno de los pocos autores japoneses que han dado el salto de escritor de prestigio a autor con grandes ventas en todo el mundo. Ha recibido numerosos premios, entre ellos el Noma, el Tanizaki, el Yomiuri, el Franz Kafka o el Jerusalem Prize, y su nombre suena reiteradamente como candidato al Nobel de Literatura. En España, ha merecido la Orden de las Artes y las Letras, concedida por el Gobierno español, y el Premio Internacional Cataluña 2011. Tusquets Editores ha publicado doce de sus novelas —entre ellas la aclamada Tokio blues. Norwegian Wood y Los años de peregrinación del chico sin color—, las personalísimas obras De qué hablo cuando hablo de correr y Underground, así como cuatro volúmenes de relatos: Sauce ciego, mujer dormida, Después del terremoto, Hombres sin mujeres y El elefante desaparece. Publicó en 2020 Música, solo música bajo el sello Tusquets.