Después del fuego, de las cenizas, Muriel Barbery, entrega rosas

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Después del fuego, de las cenizas, Muriel Barbery, entrega rosas

¿Qué tan probable es recibir una herencia millonaria de un familiar al que nunca conociste? Todos, en algún momento, tuvimos esta fantasía. También pensamos que nos solucionaría la vida. En la novela Una rosa sola, de Muriel Barbery, esto se cumple, pero descubrimos que este tipo de fortuna no siempre alcanza para hacer que la vida valga la pena. 

            A sus cuarenta años, Rose, el personaje principal de Una rosa sola, de Muriel Barbery, inicia un viaje en busca de sus raíces desde París hacia Kioto, Japón. Haru, su padre, falleció y dejó un testamento con un único beneficiario: ella. Sin embargo, Rose jamás le ha visto la cara ni sabe nada de él.

            Haru no solo tenía como propósito que Rose heredara todos sus bienes, sino que planeó un viaje de autodescubrimiento para ella, que la llevará a conectar con emociones que creía perdidas a través de la intensa belleza de los jardines y de la espiritualidad que emanan los templos japoneses.

Haru planeó un viaje de autodescubrimiento que la llevará a conectar con emociones a través de la intensa belleza de los jardines y de la espiritualidad que emanan los templos japoneses.

Entre cables, anuncios de neón, tiendas llenas de turistas y árboles de cerezos, Rose intenta sintonizarse con la cultura japonesa, que le es tan ajena. Paul, quien fuera el asistente personal de Haru y un gran amigo suyo, tiene como deber enseñarle la ciudad, a lo que, en un principio, la mujer se niega rotundamente. Muriel Barbery parece reconocer las emociones profundas y las desarma a su gusto en Una rosa sola .

            El itinerario que Haru dejó para Rose es variado: abarca desde recorrer los más delicados jardines, probar los típicos platos en grandes restaurantes, visitar preciosos salones de té y apreciar obras artísticas, hasta meditar en antiguos y enormes santuarios.

“Mi madre era pura tristeza y yo soy pura rabia”.

Acostumbrada a la soledad, Rose se siente invadida de sensaciones que desconocía. Criada en el seno de una familia matriarcal, compuesta por su madre y su abuela, la joven pasó casi toda la vida en un ambiente melancólico. Su madre, Maud, fue una mujer depresiva que cargaba un profundo dolor y no se permitía tener un acercamiento natural y profundo con su hija. “Mi madre era pura tristeza y yo soy pura rabia”, expresa en Una rosa sola, de Muriel Barbery. 

            La vida de Rose fue austera. Si bien su profesión es la botánica, Rose no podía deleitarse con las flores que recibía todos los días en su habitación en Japón, a diferencia de su padre, a quien le encantaba contemplarlas. “A todas menos a Rose”, dice ella en una oleada de profundo desprecio. Una insondable ira la corroía y hacía que habitara sus propios vacíos con normalidad y ligereza. 

“De niña había conocido ese esbozo de vida plena al que llaman felicidad; después el vacío se había tragado su recuerdo”.

Pese a estar rodeada de camelias, lotos, violetas, crisantemos y rosas, como el título de la obra lo indica, Rose se siente exasperantemente sola. Keisuke, un alfarero que se ahoga en sake en el mismo restaurante que frecuentó Rose en una oportunidad, le dice que la ve “congelada” y que es bonita, pero ella no sonríe. 

            Hay un cierto caos que domina las emociones de Rose y la hace reticente al amor. El quiebre da lugar a la transformación en ella. Conocer a su padre a través de Paul –quién era, cómo pensaba y sus buenos sentimientos– hace que su cruenta manera de ser cambie y que vaya dejándole cada vez más espacio a sentir, a lo espontáneo, a la calidez. 

            Con astucia, Muriel Barbery no solo nos deslumbra sumergiéndonos de lleno en ápices de la cultura japonesa, sino que también desafía al lector con mensajes ocultos. “Después de las cenizas, las rosas” es una frase que se repite a lo largo de la trama y que alude a la resurrección del encanto y de las experiencias no vividas tras la tragedia y la conmoción.

Una rosa sola, de Muriel Barbery

Muriel Barbery

Muriel Barbery

Estudió en la Escuela Normal Superior de Fontenay-Saint-Cloud y obtuvo su agrégation en Filosofía en 1993. Fue profesora de Filosofía en la Universidad de Borgoña, en un instituto y en la escuela de profesores de Saint-Lô. Obtuvo una beca de residencia para la Villa Kujoyama, en Kioto, ciudad en la que residió dos años. Es autora de Rapsodia Gourmet (2000; Seix Barral, 2010), galardonada con el Premio Meilleur Livre de Littérature Gourmande, y La elegancia del erizo (2006; Seix Barral, 2007), un éxito internacional que obtuvo, entre otros, el Premio de los Libreros Franceses. Conocida mundialmente por La elegancia del erizo, su obra más reciente bajo el sello Seix Barral Una rosa sola.