La vida de un cercano amigo suicida

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La vida de un cercano amigo suicida

Humana y visceral.

Luego del éxito de Patria, Fernando Aramburu reaparece en la escena editorial con Los vencejos. Se trata de una novela de 700 páginas que cuenta la historia de Toni, un profesor de filosofía de 50 años que un día decide ponerle fin a su vida en el plazo exacto de un año. 

Poco se habla del acto del suicidio en las siguientes páginas, más allá de algunas reflexiones por aquí y por allá. Lo que sigue en Los vencejos es, en cambio, una suerte de crónica en la que Toni menciona y recuerda a todos los personajes y situaciones de su vida que lo han llevado a ese momento. 

Un año, entonces, es su último límite. En agosto del siguiente año volverán los vencejos de su migración, y eso le funcionará como señal para irse en medio de una España convulsionada por profundas disputas políticas que atraviesan la lectura desde el principio hasta el final.

En Los vencejos, Fernando Aramburu creó una historia profundamente humana, con personajes inolvidables que el lector, ya concluida la novela, extrañará por varios días, como si estuviera transitando un duelo. or atracción.

Cada uno de los personajes de Los vencejos se encuentra bien retratado. Uno de ellos es el padre, inequívoco modelo de masculinidad de Toni; un hombre fuerte, violento y distante con su esposa y sus hijos por igual. Su muerte en la adolescencia del narrador traerá, luego, diversas reflexiones acerca del pasado, sobre su propio rol como padre, como esposo y como hombre en general. Es sabido que, como hijos o hijas, detectamos los errores de nuestros padres y nos esforzamos por esquivarlos en el futuro, en nuestro propio ejercicio paternal, y eso es exactamente lo que hará Toni con la violencia.

Otro personaje de Los vencejos es la madre, a quien Toni recordará en tres versiones. La primera como madre y esposa joven, durante la infancia del narrador; mujer violentada, esclava de su rol y despojada por completo tanto de su sexualidad como de su humanidad. La segunda —una vez fallecido el padre de Toni— como una viuda aliviada que por fin se conecta con su propia feminidad, a la par que se relaciona con un nuevo hombre, rechazado por sus hijos Raúl y Toni. La tercera versión de su madre es también la última: la del Alzheimer, la de la dependencia y las lagunas mentales. Aramburu se detiene con lujo de detalles en cada versión, y en ellas podemos encontrar una caracterización impecable, casi como si conociéramos a esta mujer en la vida real, como si fuera una vecina o un familiar a quien vemos asiduamente.

Aramburu se detiene con lujo de detalles en cada versión de su madre, y en ellas podemos encontrar una caracterización impecable, casi como si conociéramos, en la vida real, a la madre de Toni.

La presentación del núcleo familiar de Los vencejos culmina con un hermano odiado: Raúl, un hombre que, según Toni, le robó para siempre la atención de su madre, a quien considera su propiedad. Como si aquello no bastara, Raúl conforma, ya adulto, una familia en apariencia perfecta, que causa el recelo de Toni, quien a la par analiza las fallas de su propia familia, la que formó con Amalia y su hijo Nikita. Los vínculos que Aramburu teje como una telaraña son reales y dolorosos; página por página, el autor muestra cómo el matrimonio de Amalia y Toni desciende en picada, mientras su hijo Nicolás refleja diversos problemas de comportamiento que, en el futuro, lo convertirán en un chico problemático y sin rumbo definido. 

Los vínculos que Aramburu teje como una telaraña son reales y dolorosos.

Aramburu, en Los vencejos, nos regala también a un entrañable personaje: Patachula, un viejo amigo de Toni víctima del atentado del 11-M, en el que pierde una de sus piernas. La amistad entre Patachula y Toni es leal y honesta, incluso en una de las primeras apariciones del primero él mismo se ofrece para ser asistente y hasta compañero del suicidio —o como Pata lo llamaría: “muerte voluntaria”— de Toni. La relación entre Toni y Pata es real, con los altibajos de cualquier amistad común y corriente, lo que hace que el vínculo le produzca al lector una suerte de identificación. 

Luego se sumará una sorpresiva Águeda: una vieja conocida de Toni que regresa 27 años más tarde a darle una lección de vida más que importante. ¿Y cómo olvidar a Pepa? Con la introducción de la fiel compañera de cuatro patas de Toni, Aramburu convierte al narrador —a ratos oscuro o un tanto cínico, y sí, es un suicida en potencia— en un hombre quizá sensible, preso de una inminente soledad y una frialdad evidentemente impostada.

Aramburu convierte al narrador —a ratos oscuro o un tanto cínico, y sí, es un suicida en potencia— en un hombre quizá sensible, preso de una inminente soledad y una frialdad evidentemente impostada.

Fernando Aramburu en Los vencejos creó una historia profundamente humana, con personajes inolvidables que el lector, ya finalizada la novela, extrañará por varios días, como si estuviera transitando un duelo. Después del éxito editorial de Patria, Los vencejos se perfila como una historia más personal, con un impecable manejo del humor negro y tramas que remontan al lector a sus propias historias y vínculos. El único modo de leer esta obra es sumergirse como si uno estuviera leyendo, al fin y al cabo, la vida de uno de sus mejores amigos.

Los vencejos, de Fernando Aramburu

Fernando Aramburu

Fernando Aramburu

Es licenciado en filología hispánica por la Universidad de Zaragoza y desde 1985 reside en Alemania. Narrador destacado, es autor de tres volúmenes de relatos y de las novelas Fuegos con limón, Los ojos vacíos, El trompetista del Utopía, Bami sin sombra, Viaje con Clara por Alemania, Años lentos, La Gran Marivián, Ávidas pretensiones y Las letras entornadas. Ha merecido, entre otros, el Premio Euskadi, el Premio Mario Vargas Llosa, el Premio Real Academia Española, el Premio Tusquets Editores de Novela y el Premio Biblioteca Breve.