A más de un siglo de haber visto la luz —se publicó en 1882 para ser exactos—, se ha hablado hasta el cansancio de la innegable vigencia de Un enemigo del pueblo, la trascendental obra del dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1828-1906). Sin embargo, poco se suelen referir otras características de este texto, que también es una contundente declaración social y una alentadora evocación del significado básico e irreductible de la democracia —el cual además es directamente proporcional al nivel de la arriba mencionada—; nos referimos a su maleabilidad y su lucidez, que ofrecen múltiples posibilidades a la hora de adaptarlo y reinterpretarlo para diferentes medios. Dos rasgos que, por supuesto, se patentizan en la novela gráfica de Javi Rey, publicada por Planeta Cómic en una bella edición en pasta dura.
Aquí para Rey, artista de origen noruego pero criado en Barcelona, lo conservador del armado de las secuencias sobre fondos blancos para nada constituye una limitante, sino el escenario perfecto para exponer el íntimo sentido teatral de los diálogos y las situaciones de la obra original, que no dan espacio para el desperdicio o los regodeos, y en las que el enfrentamiento entre dos hermanos —representantes del ente político carcomido por la ambición y el ciudadano de a pie empeñado en hacer lo correcto— alcanzan la fastuosidad propia de los clásicos cinematográficos hollywoodenses.
Por ejemplo, al inicio del relato, luego de mostrarnos una pequeña embarcación llamada La Esperanza, arriba un gigantesco barco lleno de turistas ilusionados y ansiosos de disfrutar de un paradisiaco balneario enclavado en una pequeña isla, lo que detona el rompimiento en la sociedad entremezclada con los lazos de sangre que dieron origen a dicho establecimiento y es el conflicto guiador de la trama. Se explotan las viñetas definidas con trazos delgados, que conjugan lo elegante y lo festivo a páginas completas, luciendo el esplendor de una supuesta comunidad idílica, sobre fondos en colores sólidos de una simpleza vibrante.
Esa misma estilización sostenida por la pulcritud se mantiene incluso cuando los marcos cambian a formas circulares para reflejar la percepción sesgada por las manipulaciones y estirar la tensión, o cuando las sucesiones de cuadros con rostros y siluetas en primer plano son dominadas por el enrarecimiento bicromático, para darle forma a los sueños producidos por las ansiedades y reflexiones del protagonista o de algún otro personaje que se distancia suspicazmente, con la conciencia del costo de la algarabía colectiva prefabricada y alcahueta, de la versión oficial con la que el alcalde se evade y esconde una infame realidad detrás del negocio, una que poco o nada valora la salud de los visitantes.
La sugestiva y casi poética síntesis visual por la que apuesta el también responsable de Intemperie (2016) —adaptación de la novela de Jesús Carrasco—, que desemboca en postales silenciosas en las que la figura impotente de quien al decir la verdad se encuentra con que la integridad de la prensa y la del pueblo mismo pueden ser tan volátiles como las ramas y las hojas de los árboles meciéndose al viento, o como el compás de la brisa marina y el vaivén del océano que le acompañan, es tan cautivadora como efectiva cuando las transiciones narrativas dejan en el aire declaraciones reveladoras que alimentan la expectativa al borde del desasosiego, mientras una urna electoral o una carta incinerada dominan la escena.
El segmento en que las páginas se convierten en el folletín que describe el programa y los beneficios de visitar el balneario en cuestión, llamado La Ballena Feliz, es la correspondencia ideal a cuando, en la búsqueda de un mayor grado de inmersión, este documento se entrega en formato físico al asistente a alguna de las múltiples representaciones teatrales —pasadas o actuales— de Un enemigo del pueblo, cuya declaración de principios y crítico discurso social, en completa comunión con el drama escénico, encuentra en esta novela gráfica de Javi Rey una de sus mejores encarnaciones, que no podría conectar mejor con nuestra actualidad de propaganda política indiscriminada.



