Maldición eterna a quien NO lea estas páginas

Maldición eterna a quien NO lea estas páginas

Manuel Puig es, sin duda, unos de los autores argentinos más importantes del siglo XX. Su narrativa urbana se nutrió de diversos géneros discursivos no literarios: anécdotas, cuentos y relatos populares, entre otros.  

La escritura de Puig parece pensada para atraer a todo tipo de lector: el voraz, el que lee por placer, pero también está dirigida a quien no esté acostumbrado a la lectura. Este rasgo lo consideramos un atributo y no una deficiencia, pues esa accesibilidad no significa que Puig haya creado historias superfluas. Todo lo contrario: los temas de sus obras atraviesan los confines y recovecos del dolor humano, las dudas existenciales; son historias de perseguidos, de lenguaje y traducciones, de dolores y discriminación.  

Maldición eterna a quien lea estas páginas es la séptima novela de Manuel Puig. Si bien es una narración tardía en su obra, también es la primera que transcurre fuera de su país natal —Argentina— y que deja entrever sus ideas sobre el exilio, la soledad y la memoria. Fue escrita hace más de 40 años y mantiene una vigencia apabullante.

«Al igual que El beso de la mujer araña, otra obra maestra del autor, la columna vertebral de Maldición eterna a quien lea estas páginas es el diálogo.«

Maldición eterna a quien lea estas páginas fue escrita en dos idiomas, castellano e inglés, lo que le da a la novela un carácter multilingüe. La traducción forma parte de la trama, de ahí que muchos críticos crean que es una obra sobre el entendimiento y el desentendimiento, sobre la posibilidad de reinventarse y ajustar cuentas a través del lenguaje. 

Al igual que El beso de la mujer araña, otra obra maestra de Puig, el diálogo es la columna vertebral de Maldición eterna a quien lea estas páginas. En esta ocasión lo entablan dos personajes solitarios y perdidos en su propio presente vacío. Este par tiene dudas existenciales, con testimonios dolorosos del pasado y un futuro incierto, que por momentos resulta inexistente.  

—Memoria excelente. Registro todo como una computadora. Mi cerebro clasifica y asocia el material, me es fácil. Los profesores me ponen buenas notas… 

—¿Qué dicen ellos? 

—De algunos soy el favorito. Especialmente en mi propio campo, ven un gran futuro por delante mío. La verdad es que muy acertados no estuvieron. 

Los diálogos equívocos avanzan con ritmo teatral. Por un lado está Ramírez, un hombre de más de 70 años que vive en un asilo para ancianos en Nueva York, ciudad a la que llegó desde Argentina, y que está envuelto por la sombra del olvido, sin recuerdos y postrado en su silla de ruedas. Atado solo a su presente. Ramírez fue preso político, uno de los tantos perseguidos durante el gobierno militar argentino que asesinó a toda su familia, y pudo escapar gracias a los organismos de derechos humanos. 

Por otro lado está Larry Giovanangelo, profesor de historia, comunista y sin un trabajo estable en su área. Ramírez lo contrata para que lo pasee en la silla de ruedas, y en estos paseos Ramírez pretende reaprender todo lo olvidado. Y aunque en un primer momento pareciera que el anciano es el único perdido, Larry también está viviendo en el desamparo: una familia desmoronada que lo echó del hogar, un fallido matrimonio difícil de superar, una carrera maltrecha por la desidia.  

Esas dos marginalidades se encuentran en Maldición eterna a quien lea estas páginas y generan un texto que atrapa desde el primero hasta el último diálogo.

Maldición eterna a quien lea estas páginas es un texto dual, contradictorio. El diálogo lo convierte en una obra de teatro con la influencia de la esperanza y la amargura.

Estamos así ante un texto dual, contradictorio. El diálogo lo convierte en una obra de teatro con la influencia de la esperanza y la amargura. La tensión es constante, cada diálogo se representa como un manifiesto entre lo universal y lo íntimo. Lo político está relacionado con el trauma de la dictadura militar argentina, evento en el cual la memoria juega un papel determinante. 

Sin lugar a dudas, Maldición eterna a quien lea estas páginas es el libro más refinado de Manuel Puig: la obra que pone en juego toda su experiencia del exilio, muy a su estilo. Una novela ideal para quienes aman las conversaciones imposibles.

Maldición eterna a quien lea estas páginas, de Manuel Puig

Manuel Puig

Manuel Puig

Buenos aires, General Villegas, 1932 Buenos aires, General Villegas, 1990 En 1951 inició estudios en la Universidad de la capital argentina. Pasó luego a Roma, donde una beca le permitió seguir cursos de dirección en el Centro Sperimentale di Cinematografia. Trabajó posteriormente como ayudante de dirección en diversos filmes. Publicó novelas traducidas a varios idiomas: La traición de Rita Hayworth (1968; Seix Barral, 1971; 1976, edición definitiva), Boquitas pintadas (1969; Seix Barral, 1972), The Buenos Aires Affair (1973; Seix Barral, 1977), El beso de la mujer araña (Seix Barral, 1976), Maldición eterna a quien lea estas páginas (Seix Barral, 1980), Sangre de amor correspondido (Seix Barral, 1982) y Cae la noche tropical (Seix Barral, 1988). Reunió en un volumen dos piezas teatrales: Bajo un manto de estrellas y la adaptación escénica de El beso de la mujer araña (Seix Barral, 1983) y en otro dos de sus guiones cinematográficos: La cara del villano y Recuerdo de Tijuana (Seix Barral, 1985).