El silencio del mundo tiene voz en un poeta chileno

El silencio del mundo tiene voz en un poeta chileno

“Todos los indignados, en primer lugar, están indignados consigo mismos.”

El silencio del mundo tiene su propia música; es un libro ideal para leerse con Miles Davis de fondo porque la trama está atada al sonido de su trompeta, al sonido del jam, de la genialidad, de la heroína, de la rehabilitación, pero también de lo heroico, de la sorpresa (positiva y negativa) y de la improvisación.

Pablo Azócar, escritor y periodista, nos ancla a El silencio del mundo con el amor de Elisa, una mujer de 56 años, y Diego, un joven de 25, que se encuentran en una ciudad en plena crisis en 2019. Santiago arde, el complejo levantamiento social chileno frente al gobierno democrático con aires pinochetistas domina la escena, y los amores se hacen fuertes ante la injusticia. Por si fuera poco, la pandemia por el Coronavirus se extiende de manera simultánea —entrando así al grupo de novelas que ya tienen como telón de fondo la contingencia de salud, tal y como hace unos meses lo hizo Petros Markáris con Cuarentena—.

Y en ese coincidir desangelado se tuercen los hilos de un querer inesperado que por momentos resulta imposible, asfixiante, y que comienza cuando Diego toca a la puerta de Elisa para buscar refugio. “En tu mochila negra tirada en la escalera asomaba una botella de pisco a punto de caer. Te lo advertí y me dijiste: Gracias, señora. Solo más adelante me contaste que no era pisco sino combustible para una molotov”.

El temor atraviesa cada línea: el miedo histórico de los familiares de desaparecidos en la era pinochetista, el de un presente incierto. Elisa convirtió el miedo en armadura, la que te protege, pero te dificulta la vida. El sentimiento de Diego es distinto, es el miedo de tener que relatar un país deshecho, de ver caer a compañeros en la lucha.

Santiago arde, el complejo levantamiento social chileno frente al gobierno democrático con aires pinochetistas domina la escena, y los amores se hacen fuertes ante la injusticia.

Un libro de amor donde todo es político, un libro de política donde todo es amor. La contradicción de jugar con el borde de decir lo obvio, el límite que se atraviesa y se esquiva para no caer en lo banal, aunque por momentos se siente que el relato avanza a fuerza de conflictos externos mientras el equilibrio de lo brindado por cada personaje hace prevalecer el deseo.

El silencio del mundo tiene dos particularidades destacables. Por un lado, Pablo Azócar se anima a escribir desde una voz femenina y son pocos los autores que lo han hecho dejando un buen sabor en la lectura: La asesina de Lady Di de Alejandro López, Más liviano que el aire de Federico Jeanmaire y Expiación de Ian McEwan son algunos ejemplos de esto.

La otra es la segunda persona desde la que está narrada gran parte de la trama. Y en lo que parece una novela sobre la revolución, sobre la sangre derramada en las calles, cuando la lectura comienza a entrar en el mejor momento, cuando el amor es más fuerte, un vuelco parece enfriar la escena.

El silencio del mundo es una gran novela para comprender, cuando menos un poco, un amor distinto en un marco semirrevolucionario y en un mundo en el que, al parecer, nadie está dispuesto a ceder.

El silencio del mundo, de Pablo Azócar

Pablo Azócar

Pablo Azócar

Pablo Azócar (San Fernando, Chile, 1959) es escritor y periodista. Entre sus obras se encuentran Natalia (1990), novela de culto con la que obtuvo el Premio Municipal de Literatura de Santiago y con la cual pasó a ser considerado parte de la llamada nueva narrativa chilena de los años noventa; El señor que aparece de espaldas (1997); el libro de cuentos Vivir no es nada nuevo (1998), Premio Consejo Nacional del Libro; Pinochet. Epitafio para un tirano (1999), crónica periodística sobre el dictador, y el poemario El placer de los demás (2009), Premio Altazor 2010 y Premio Consejo Nacional del Libro. La obra de Azócar ha sido traducida al francés, al portugués, al griego y al ruso. En la actualidad hace talleres literarios individuales y da clases de literatura en la Universidad Adolfo Ibáñez. Con El silencio del mundo vuelve a la novela después de 25 años.