Ánima, de Antonio Ortuño: siete claves de lectura

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Ánima, de Antonio Ortuño: siete claves de lectura

Sucede leyendo; las claves están en la literatura, en el texto que vivimos. Antonio Ortuño nos muestra siete claves para leer y entender Ánima, entre el cine, la formación, el tributo, el retrato de los personajes, la materialidad y sus temas. 

  1. Ficción y biografías: 

En clave de ficción, se lee como biografía. En clave biográfica, se lee como ficción. La novela de Antonio Ortuño trabaja con aspectos delicados de la vida de su narrador y del entramado de las relaciones personales que este entabla con su entorno durante su crecimiento, mientras busca convertirse en guionista de cine: desde sus primeras tareas, experiencias amorosas, fracasos, sueños. Entre la ficción y la biografía, el autor juega con los elementos tradicionales de la novela de aprendizaje.

  • El oficio, la artesanía: 

Las reflexiones sobre el arte nos llevan a un señalamiento imprescindible: “el cine es un arte colectivo”. Se trata de ocupar espacios de aprendices y maestros, de auxiliares y protagonistas. En esta novela de Antonio Ortuño, abundan las precisiones en torno al quehacer técnico del artista de cine, por momentos artesano, por otros, ingeniero; siempre encomendado a la materialización de sus ideas. El oficio, como cualquier otro, se trabaja, se estudia, se pule. Se viaja bastante, se fracasa aún más, se sigue fracasando, se sigue adelante. 

  • La materialidad de las cosas: 

Un coro de voces, fragmentos de cartas, reseñas de películas, intercambios, tonos y recuerdos le dan forma a la novela. La riqueza de estos materiales está en su tratamiento, destinado a señalar el mundo interior de Manuel Vera, su transformación y devenir animal: en cómo se convierte en Gato el Gato Vera.

  • Las mujeres: 

El erotismo está en la lengua y sus oscuridades. Las masculinidades que se trazan en el recorrido de los personajes están acompañadas de experiencias, de aciertos y fracasos, de inseguridades y arrebatos de egoísmo. Las mujeres se materializan en una madre preocupada, pero no tanto. En un adelanto de dinero para la primera cita. En una compañera, nunca se sabe por cuánto tiempo. No son las protagonistas. La principal relación en esta historia se da entre el Gato y el Animal. 

  • Como el látex. Un trabajo brillante con la lengua: 

Brillan las tonalidades y las superficies en la escritura de Antonio Ortuño. Preparar una máscara o una peluca es un trabajo tan delicado como el del autor al moldear la lengua de su novela. Entre la oralidad y la poesía, entre lo escatológico y lo sensible, allí se ubica la sensibilidad del escritor.

  • La magia del cine y la magia y el cine: 

El panorama del cine nacional late en cada página que narra un pasado vivo. Los sets de filmación, los presupuestos, los proyectos, las ilusiones. El producto final siempre está a la espera de una suerte de redención del artista. El cine, como una apuesta a futuro, requiere del artificio y de todo aquello que esté al alcance de la mano. En medio de la atracción que generan los embates de una industria compleja, Antonio Ortuño describe con precisión el delicado trabajo que por magia, azar u obstinación se convierte en película. Cineastas o hechiceros; esta novela nos deja entrever los rituales.

  • Ánima/Animal: 

El cine se nutre de la literatura tanto como de otras cosas que encuentra a su paso. El Animal no es solamente un maestro torpe e idealizado, también es la composición de un Ánima. “Sabio, hipnótico, magnético”, el Animal es la puesta en escena de un espectáculo digno y, a la vez, víctima de sus propias contradicciones. Antonio Ortuño lo evoca, lo escribe, y hace de este personaje una gran historia. 

Ánima, de Antonio Ortuño

Antonio Ortuño

Antonio Ortuño

(Zapopan, 1976) es autor de las novelas El buscador de cabezas (2006), Recursos humanos (2007), Ánima (2011), La fila india (2013) y Méjico (2015), así como de los libros de relatos El jardín japonés (2007), La Señora Rojo (2010), Agua corriente (2016) y La vaga ambición (2017), además de las novelas juveniles El rastro (2016) y El ojo de vidrio (2018). Ha sido reconocido con el Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero (2017) y el Premio Bellas Artes de Cuento Hispanoamericano Nellie Campobello (2018) y sus obras se han traducido a media docena de idiomas. Diversos medios en México, América del Sur, España y Alemania han seleccionado sus novelas como libros del año. Es colaborador habitual del periódico El País.