Melchor Marín vs. el poder

Melchor Marín, el mosso d’Esquadra que debutó en Terra Alta, ganadora del Premio Planeta 2019, y tuvo su hora de gloria en Independencia, ahora completa su arco narrativo con El castillo de Barbazul.  

Este último libro nos compete hoy por ser la novela que concluye la trilogía de Javier Cercas, la obra más ambiciosa del escritor y que, según él mismo ha dicho a distintos medios de comunicación, podría convertirse en una tetralogía. 

En este cierre de saga, Melchor Marín es un bibliotecario. ¿Cómo ocurrió esto? ¿Por qué? El héroe desganado colgó el uniforme de policía para dedicarse a su pasión: la lectura, los libros. ¿Y qué puede hacer volver a nuestro héroe o antihéroe a sus andanzas? Solo una trama  familiar y de sangre, la desaparición de su hija.  

Cuando Cosette, su hija, no regresa de sus vacaciones, Melchor comienza a preocuparse. En un primer escenario, piensa que se ha alejado por voluntad propia, pues al enterarse la joven de que su padre le mintió sobre la muerte de su madre, ella misma le pide tiempo, distancia, silencio, soledad. Pero el instinto paternal es más fuerte que todo y Melchor tiene claro que algo malo le ha pasado. 

Empieza así una investigación propia —como muchos padres y madres de la vida real que viven la desaparición de sus hijos— para dar con el paradero de la adolescente. Pronto, nuestro protagonista descubre que Cosette no solo no volvió a casa tras su «estancia» en Mallorca: tampoco durmió en el hotel donde había reservado. Su ropa seguía ahí, intacta y su celular estaba desconectado.

«…debe de pensar que lo tuyo en la biblioteca es una tapadera o algo por el estilo… Tu leyenda te persigue, españolazo.»

Cuando recurre a las autoridades, casi todos los policías creen que la joven simplemente se alejó, apagó el celular y se fue sola, lejos: «Los turistas tienen una afición por perderse en la sierra de Tramontana», le argumentan. Pero ese no es el mundo en el que vivimos, sino que es mucho más peligroso, más desolador que las novelas negras. Y Melchor lo sabe. 

De forma constante Auster desaira al personaje, lo hace sentirse menos, jugar de patito feo o de oveja que va derecho al matadero, pero no hay que olvidar al lobo que se viste de lanas blancas. 

Nathan se esconde en el dolor, pero el escondite es otra treta para dar voz viva al condenado, que cuenta y recuerda, y sus memorias son un enorme edificio, una torre de Babel construida sobre el aire: “No tenía el menor deseo de desnudar mi alma ni dedicarme a sombrías introspecciones. Adoptaría un tono ligero y burlesco de principio a fin, con el único propósito de distraerme y tener el día ocupado durante el mayor número de horas posible”. 

En Brooklyn Follies importan tanto las donas como los vecinos, los paisajes nostálgicos de la ciudad, una camarera, una librería, la gente del barrio de Brooklyn donde Nathan nació y vivió hasta los tres años con sus padres, y el barrio y su costumbrismo se abren entonces como una gran urbe de posibilidades donde también se encuentra con un sobrino que tenía en el olvido. Los personajes comienzan entonces a darle un sentido a lo que parecía una vida desechada, destinada a la oscuridad, a la agonía en el ostracismo. 

Nathan se esconde en el dolor, pero el escondite es otra treta para dar voz viva al condenado, que cuenta y recuerda, y sus memorias son un enorme edificio, una torre de Babel construida sobre el aire. 

En Brooklyn Follies Auster le da otra vida a la vida, realza la vejez bien llevada. Nos muestra al cordero que se presenta con sus últimas fuerzas y de pronto encuentra la manera de volverse lobo o al menos no ser una presa de la existencia, sino que se anima a tomar las riendas de lo que parecía un desenlace seguro hacia el desgano.  
 

Con ese impulso aparece cierta sabiduría en las palabras de Nathan, el personaje desahuciado es ahora alguien que es escuchado, que tiene buenos consejos, y el espíritu y la fuerza para salvar a quien deba. “Eso es lo que pasa cuando crees que el otro es mejor que tú. Dejas de pensar por ti misma, y cuando te quieres enterar ya no eres dueña de tu vida. Ni siquiera te das cuenta, tío Nat, pero entonces ya estás jodida. Verdaderamente jodida…”, dice uno de los personajes de este relato. 

Brooklyn Follies nos deja con la sensación de haber leído una novela iniciática donde la trama se construye con los acontecimientos, y con un deseo de leer más. Releer a Paul Auster es uno de esos placeres que nos suceden leyendo. 

Brooklyn Follies, de Paul Auster

Como ocurrió en las dos novelas anteriores de esta saga, en el El castillo de Barbazul hay abuso de poder, y aquí se encarna en un millonario que se siente omnipotente y deja a su paso muchos damnificados. Melchor Marín no se hace de la vista gorda, no puede dejarse llevar, al menos una vez, por lo que no perjudique a los suyos. Tiene que ir por todo. Y aplaudimos de pie porque deseamos un Melchor real que nos proteja, con su estilo particular, pero siempre del lado de los más débiles. 

Nuestro mundo es mucho más peligroso, más desolador que las novelas negras.

El castillo de Barbazul está dividida en cuatro partes: dos Terra Alta y dos Pollença, que tienen el objetivo de intercalar los hechos del presente, la vida de Melchor como bibliotecario, con flashbacks que trazan la relación entre padre e hija: un viaje iniciático que realizaron juntos; cuando Cosette se avergüenza por primera vez de su padre por dejar de ser policía para convertirse en bibliotecario, profesión que ejercía la madre de la joven; y la investigación que funge como columna vertebral de El castillo de Barbazul. 

 Conforme la averiguación continúa, la lectura nos adentra de lleno en la vida de Cosette, en anécdotas que parecen premonitorias y que Javier Cercas describe con una narrativa conmovedora. Es que el estilo de del autor es seco y contundente, no se trae vueltas de rosca, su dirección es clara desde el momento en que nos sentamos a leer: abrirá una herida mortal que él mismo logrará cerrar con su pluma y sin anestesia.

El estilo de Javier Cercas es seco y contundente, no se trae vueltas de rosca, su dirección es clara desde el momento en que nos sentamos a leer: abrirá una herida mortal que él mismo logrará cerrar con su pluma y sin anestesia.

Con pocas fuerzas para encarar lo que le toca, Melchor Marín logra un regreso triunfal. Y aunque en esta ocasión se torna un poco más antihéroe, hace todo su esfuerzo por perseguir la verdad y hacer justicia a su manera.

El castillo de Barbazul, de Javier Cercas

Javier Cercas

Javier Cercas

Javier Cercas nació en Ibahernando (Cáceres), en 1962. Su obra incluye las novelas El móvil, El vientre de la ballena, Soldados de Salamina, La velocidad de la luz, publicadas en su momento por Tusquets Editores, además de Anatomía de un instante, Las leyes de la frontera, El impostor y El monarca de las sombras. Con Terra Alta ganó el Premio Planeta 2019, y obtuvo un gran éxito de crítica y de público. Sus libros han sido traducidos a más de treinta idiomas y han obtenido numerosos premios nacionales e internacionales, como el Prix Ulysse, el Premio Internazionale del Salone del Libro di Torino, el Premio Friuladria, el Premio Internazionale Città di Vigevano, el Premio Sicilia o el Premio Internazionale Ennio Flaiano. En 2021 publica bajo el sello Tusquets, Independencia, con el protagonista de Terra Alta, Melchor Marin.