Tras las huellas de un caballero

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Tras las huellas de un caballero

“Arsène Lupin, a bordo, primera clase, cabellos rubios, herida en el antebrazo derecho, viaja solo bajo el nombre de R…”. Así comienza el juego al que nos invita a participar Maurice Leblanc en Arsène Lupin, caballero ladrón. 

En medio del océano, un telegrama que se interrumpe a la mitad le informa al capitán del barco que el legendario ladrón se halla entre los pasajeros, y nosotros, recién llegados lectores, que apenas comenzábamos a recorrer el transatlántico y a disfrutar de sus vistas, debemos estar alerta.

De un lado, en el barco, Arsène Lupin, el ladrón de las mil caras. Del otro, en el puerto, esperando, el detective que, como un viejo perro de casa, ansía atrapar a la presa que ya ha sido marcada. El tiempo apremia, el transatlántico avanza y, con la premura de una moneda que cae, comprendemos que nosotros, meros espectadores hasta hace apenas unas páginas, hemos tomado partido por el maestro del engaño. Como niños que quieren ver el truco de magia una vez más, rogamos que Arsène Lupin saque un as de la manga, que encuentre una forma de burlar el inevitable destino que se le presentará al llegar a tierra. No puede terminar ahora, no recién que ha comenzado.

Como niños que quieren ver el truco de magia una vez más, rogamos que Arsène Lupin saque un as de la manga, que encuentre una forma de burlar el inevitable destino.

Con un estilo ágil y de rápida lectura, Maurice Leblanc crea otra aventura de Arsène Lupin, una entrañable novela de detectives que entretiene, desafía y divierte a la vez. No solo Lupin engaña a sus víctimas para despojarlos de sus posesiones más preciadas, sino que nosotros también somos engañados por Maurice Leblanc con la misma maestría. 

Seguimos caminos que parecen certeros, pero que terminan por llevarnos a ninguna parte, nuestras conjeturas son disueltas en el aire una y otra vez y, como le ocurre a los que siguen la pista de Lupin, el ladrón se nos escapa en cada contienda, y Maurice Leblanc nos despoja de la seriedad de la vida adulta, de los prejuicios, del escepticismo.

            Capítulo a capítulo acompañaremos al biógrafo de Arsène Lupin, su amigo, su confidente y, como Watson en Sherlock Holmes, seremos testigos privilegiados de sus hazañas. Maurice Leblanc nos reserva un palco de lujo para la función y monta la obra frente a nuestros ojos, teniendo mucho cuidado de no revelar los verdaderos artilugios sino hasta el final.

            Con este libro entre las manos, es posible viajar en el tiempo, volver a los años de la infancia, cuando el mundo todavía escondía secretos en cada esquina. Sin lugar a dudas, el caballero ladrón nos permite maravillarnos y esperar lo imposible, como Nelly espera que los muebles robados por arte de magia reaparezcan en el castillo a las tres de la tarde.

Con este libro entre las manos, es posible viajar en el tiempo, volver a los años de la infancia, cuando el mundo todavía escondía secretos en cada esquina. 

            Al igual que Robin Hood, Arsène Lupin se convierte en el ladrón querido por todos los lectores, y aunque el botín no es repartido entre los más necesitados, la mayoría de sus hazañas conllevan una cuota de justicia social, una forma de restituir el orden en un sistema que ha permitido que unos pocos acumulen demasiado.

Arsène Lupin roba para apoderarse del collar de la reina, de la perla negra que atesora una vieja cantante famosa, de los títulos de propiedad guardados en una inviolable caja fuerte, de los planos de un submarino que el gobierno no puede terminar de construir, pero también roba para probar que puede hacerlo, para entretener al público que sigue sus hazañas a través de las notas que él mismo envía a los periódicos, para ser el autor de las más grandes proezas.

            El libro permite emocionarse, sentir la adrenalina que corre por el cuerpo cuando estamos a punto de resolver el enigma que nos devela cada noche. El mundo se nos presenta sencillo y amigable, todo parece estar al alcance de la mano y, sin embargo, como dice un viejo dicho, al mejor cazador se le escapa la liebre. 

Arsène Lupin, de Maurice Leblanc

Maurice Leblanc

Maurice Leblanc

Maurice Leblanc (11 de diciembre de 1864-6 de noviembre de 1941) fue un escritor francés, autor de varias novelas policiacas y de aventuras. Por encargo de Pierre Laffite, director de la revista Je sais Tout, en 1904 publicó «La detención de Arsène Lupin»: las primeras aventuras del caballero ladrón. Esta publicación tuvo tanto éxito que le seguiría una serie de casi veinte libros. Lupin se ha convertido en un personaje clásico de la literatura universal, cuya fama solo puede ser comparada con la de Sherlock Holmes.