Annie Ernaux, memoria y anhelo

El Premio Nobel, desde su concepción, tiene la misión de mostrar al mundo los grandes avances que el ser humano alcanza año con año. Esta encomienda se materializa en los galardones concedidos dentro de los circuitos científico y literario, colocando así en “la ventana del mundo” a escritores que han llevado la palabra escrita a confines que solo algunas mentes son capaces de dilucidar. 

En 2022 la Academia Sueca, que representa a este máximo galardón, otorgó el Premio Nobel de Literatura a Annie Ernaux “por el coraje y la agudeza clínica con la que descubre las raíces, los extrañamientos y las trabas colectivas de la memoria personal”.  

Pero también Annie Ernaux envuelve memorias en velos de ficción. Sus textos son como lienzos que absorben cada recuerdo y emoción, lo que lleva a que cada capa de memoria deje atrás la utopía, lo no real, la ilusión, para ser una (no) ficción literaria. Cada uno de sus libros son una declaratoria bajo el juramento de la ficción, pero que tuvo y continúa generando efectos irreversibles en la vida y en hechos reales que alcanzan lo universal.  

En cada uno de sus títulos Ernaux demuestra la sagacidad con que toma las memorias, todas ellas humanas, y las ramifica para que el lector descubra la raíz y el fruto, la causa y el efecto, el tiempo y sus consecuencias.   

En 1983 Ernaux publicó El lugar y desde este punto literario encontramos los primeros rasgos de su escritura. Sus episodios autobiográficos son escenas que abren la puerta para dejar salir toda clase de sensaciones, las cuales va adoptando el lector. La narración nos confronta con las múltiples definiciones de la palabra lugar; son tantas, que podemos asociarla como ubicación, espacio, grado, nivel y estatus, entre otras. Al avanzar la lectura encontramos retratos y ejemplos de todos estos significados y nos enfrentan a la búsqueda y descubrimiento de nuestro lugar, y los efectos que esto provoca en nuestra realidad. 

Uno de esos lugares que describe y cuestiona la autora es el que se le asigna a la mujer en la sociedad. Un tema recurrente en su discurso, tanto, que incluso Ernaux lo retomó al aceptar el reconocimiento de la Academia Sueca: 

“Que dos o tres editores rechazaran mi primera novela –novela cuyo único mérito residía en la búsqueda de una forma nueva– no fue lo que derrumbó mi deseo y mi orgullo. Fueron situaciones de la vida en las que ser una mujer suponía un pesado lastre con respecto a ser un hombre en una sociedad donde los roles estaban definidos según el sexo, la contracepción estaba prohibida y la interrupción del embarazo se consideraba un crimen”. 

Annie Ernaux demuestra la sagacidad con la que toma las memorias, todas ellas humanas, y las ramifica para que el lector descubra la raíz y el fruto, la causa y el efecto, el tiempo y sus consecuencias.   

Por su parte, La vergüenza (1997) se instala dentro de la dinámica familiar y social después de un hecho de violencia, que Ernaux describe desde las primeras líneas. Dicho acto es provocado por un contexto social, familiar y económico muy particular de la época en que se desarrolla esta historia.  

En ese sentido, en su discurso al recibir el Nobel la escritora describió que deja en las palabras la misión de revelar la violencia tal cual es, sin añadir ni quitar elementos que encubran su naturaleza: “La violencia ya no se exhibía, venía de los hechos en sí y no de la escritura. Encontrar las palabras que contuvieran a la vez la realidad y la sensación procurada por la realidad, iba a convertirse, y hasta hoy, en mi preocupación constante al escribir, fuera cual fuera el objeto”. 

El sentimiento de vergüenza acompaña a la culpa y la vía para liberarse de ella es el cumplir una penitencia, vincularse con lo bueno. Es la religión quien ofrece un refugio para todos aquellos que, dados los cánones sociales, han obrado mal; las buenas costumbres se depositan en la madre de quien narra, “mi madre era la religión”.  

Annie Ernaux resalta en esta obra que, aunque se lleven a cabo los rituales que dictan las creencias, no se deben adoptar sus exhortos de sacrificio y sumisión. Las doctrinas deben sumarse a la instrucción intelectual y no sustituirla. 

Dentro de su obra, los títulos Pura pasión y El acontecimiento se convierten en dos testimonios femeninos que podrían parecer antagónicos entre sí, pero que son llevados desde un vínculo en común, la cotidianidad.  

En el primero tenemos el diálogo que entabla nuestra protagonista con el lector, en el que describe su espera, obsesión y profundo anhelo depositados en A.; a la par habla sobre su persistente cuestionamiento al nivel de pasión que una persona puede alcanzar y cómo esta se puede manifestar y perpetuar para no olvidar nada. En Pura pasión cada detalle se describe para ser leído, desde la mirada femenina contemplamos la pasión carnal, sus aristas y placeres, los límites autoimpuestos y el desahogo de la tristeza provocada por el anhelo. 

Aunque se lleven a cabo los rituales que dictan las creencias, no se deben adoptar sus exhortos de sacrificio y sumisión. Las doctrinas deben sumarse a la instrucción intelectual y no sustituirla. 

Por otro lado, con voz propia y desde su soledad, Annie Ernaux nos transporta a un pasado que pinta a presente. Revivimos con ella El acontecimiento, un acto que fusiona la memoria literaria y la humana. Dejamos que la escritora nos detalle lo que la literatura le mostró frente a una sociedad incansable que pretende dictar el sentido de las decisiones que cada uno tomamos, marcarnos y castigarnos por vivir, acallar las voces de personas que sin duda han sido silenciadas.  

Desde esta obra miramos la indiferencia, el olvido, el desinterés, la culpa, el miedo y la agonía que la narradora nos confiesa. En un acto de denuncia, Ernaux expone la voracidad de la moral y sus consecuencias, la búsqueda de la igualdad, la plena libertad y la invaluable dignidad humana. 

Al respecto, la autora también hizo referencia en su discurso del Nobel: “Enseguida, también, me pareció evidente –hasta el extremo de no poder contemplar otro punto de partida– anclar el relato de mi desgarro social en la situación que viví cuando era estudiante, esa situación indigna a la que el Estado francés condenaba siempre a las mujeres: el recurso al aborto clandestino entre las manos de una ‘hacedora de ángeles’, de una abortera”. 

Los textos de Ernaux resultan en historias crudas, pero lo son porque se ven atravesadas por la brusquedad de la realidad. Sus letras parten de una memoria personal que se configura en la de miles de personas. 

Annie Ernaux

Annie Ernaux

Annie Ernaux (Lillebonne, 1940) estudió en Ruan, Burdeos y Grenoble. Es autora de numerosas obras, de las que Tusquets Editores ha publicado los títulos Pura pasión, La vergüenza, El acontecimiento y El lugar, con una excelente acogida por parte de la crítica y el público. Sus obras han recibido numerosos galardones, como el Premio Renaudot 1984, el Premio Marguerite Duras 2008, el Premio Strega Europeo 2016, el Premio Marguerite Yourcenar 2017 por el conjunto de su obra y el Premio Formentor 2019, cuyo jurado afirma: «Ernaux desvela sin pudor la condición femenina, comparte con el lector la intimidad de la vergüenza y refleja con un estilo despojado la desordenada fragmentación de la vivencia contemporánea».