1985: una distopía naranja y mecánica

1985: una distopía naranja y mecánica

Cómo no comenzar esta nota recordando que Anthony Burgees, autor de “La naranja mecánica”, mítica distopía que dejó helado y con noches en vela a varias generaciones que aún soñaban con la utopía, es también un fan aguerrido de Orwell. Estudioso de su obra, Burgees nos abre con “1985” las puertas a una lectura, casi ensayo, homenaje, reescritura y explicación dialogada de “1984”. 

“1985” de Anthony Burgess, publicada por primera vez en México este 2021 a través de Editorial Planeta, es un libro diferente. Su diferencia radica en que se enarbola en dos columnas: por un lado, el homenaje con un formato híbrido; por otro, una ficción que es también una crítica social despiadada que profundiza las grietas de un sistema económico y político que no termina de funcionar. 

“1985”, de Anthony Burgess, fue escrita en 1978. No es un dato menor, porque la segunda parte del libro, la novela propiamente dicha, es muy actual, absolutamente contemporánea, porque, precisamente, los problemas, las grietas del sistema, hoy, más que nunca, se dejan ver, ya no como comisuras, más bien como intersticios donde no solo crece alguna plantita, sino donde se desgranan selvas, que según Burgess parecerían llenarse de los miedos de la sociedad. 

El miedo es inherente, de un lado o de otro, y suele estar asociado al sometimiento. Tanto en “1985” como en “La naranja mecánica”, el sometimiento tiene que ver con el adoctrinamiento. Así como Winston Smith, aquel personaje de “1984” que es enviado a Odio Organizado, donde las sesiones diarias de montajes de imágenes le despierta una reacción de muerte interna, Bev Jones, de “1985”, también termina en un centro de control, llámese psiquiátrico, cárcel o entidad sindical.  

En “1985” de Anthony Burgess, la ficción arremete para mostrarnos un estado donde la cotidianeidad no se vive, se sufre, se lleva en los hombros con la premisa de la burla a los que pueden ver un poco más allá de la coraza que se interpone entre la vida y la realidad. 

Anthony Burgess nos muestra un escenario donde el islamismo es la religión más profesada en Londres, tal como Michel Houellebecq lo hace con París en “Sumisión”, pero con un nivel profundo de violencia encarnada en un sistema dominado por hombres irresponsables.

 “Aquellos cuyo trabajo era apagar incendios estaban en huelga, hacía ya varias semanas para reclamar más dinero. Que el ejército se había amotinado, intimidados o por una auténtica convicción ideológica del derecho a dejar de hacer el trabajo”

En este marco de caos social, el puntapié de la novela, con un intelectual Bev Jones que observa cómo todo, de a poco, se desmorona, entre huelgas y poder sindical, entre muerte de familiares, tiene la necesidad de intentar poner las cosas en orden. “No quería ser mártir de una libertad en la que, de todos modos, pocos creían ni entendían, pero se sentía, por así decirlo, como si comprara un boleto para un tren cuyo destino no podía conocer, él, el único pasajero. Lo único que sabía era que el viaje era necesario”

“Las únicas cosas importantes son subversivas. El arte es subversivo. La filosofía también. El Estado mató a Sócrates”

En este mundo que no cuenta con una comisión de Derechos Humanos, pero sí con una para el Deber Humano, Bev exige poder trabajar sin estar afiliado al sindicato de pasteleros, pero en cambio, esa mismo rebelión lo lleva a quedarse sin trabajo: “el sindicalismo no es socialismo” y como el Estado es ahora dueño de las empresas productoras, el Estado es el que pone las reglas.

Sin trabajo, sin asistencia social, sin caja de aportes, llega hasta un parlamentario que ante la pregunta de Bev: “¿Me uno a las viejecitas, a los locos y a los delincuentes?” Solo recibe un: “tendrá que arreglárselas, camarada”.

«Lo que sabe Paul Auster, lo que sabe Sidney Orr, es que la literatura es un medio de comunicación humana y la posibilidad de trascendencia.»

De ahí en más Bev, personaje central de la ficción de “1985”, de Anthony Burgess, vive en un tobogán hacia lo más hondo de la desesperación humana, hasta sentirse fuera del sistema, ser un marginado, marginal con todas las letras: “cabrón no sindicalizado”, aferrado a sus principios como tarjeta de crédito vencida.

Ambas partes dan vida a una obra extraña, pero ambas partes también pueden leerse por separado. Para los amantes de la ficción, les recomendamos que pasen a la novela directamente, no es pecado, no hay reglas para la lectura. Puede leerse como una continuación de “La naranja mecánica”. Y eso no es poco. Es brillante.

1985, de Anthony Burgess

Anthony Burgess

Anthony Burgess

Anthony Burgess desarrolló una intensa carrera como educador en Gran Bretaña y Malasia entre 1960 y 1976. Desarrolló su actividad creativa tanto en el campo de la literatura como en el de la música, alcanzando justa fama como compositor. Escribió música de cámara y algunas obras para orquesta, y publicó entre otros libros un ensayo sobre Joyce, una panorámica de la ficción contemporánea y varias novelas: Inside Mr. Enerrby, Nothing like the Sun, The Wanting Seed, Trémula intención y Poderes terrenales. La mayor parte de su obra literaria se sitúa fuera del campo de la ciencia ficción y la literatura fantástica, pero su novela más conocida se inscribe precisamente en este género